Cuando la palabra magnitud se usa en astronomía, se está haciendo referencia al brillo de los objetos del cielo como los podemos observar desde la tierra, dado que la intensidad luminosa es dependiente de la posición del observador, este sistema para estimar el resplandor de una objeto celeste se llama también magnitud aparente, y es aparente porque si tuviéramos la oportunidad de observar los mismos objetos desde otro lugar en el universo, cambiaría el brillo de los mismos, ya que la intensidad luminosa decrece al aumentar la distancia entre la fuente y el observador.
Hiparco de Nicea fue el primero en realizar un procedimiento de clasificación de las estrellas, para ello llamó de primera magnitud a las más brillantes y así sucesivamente hasta sexta magnitud a las estrellas que se podían percibir a simple vista, esta clasificación sigue vigente a pesar del tiempo pero se han añadido los nuevos objetos que ahora son visibles con instrumentos, así fue que Galileo clasificó en magnitud siete las estrellas que antes no habían sido observadas y de las cuales el tuvo conocimiento mediante su telescopio.
Ahora para determinar la magnitud del brillo de las estrellas se utilizan técnicas precisas mediante instrumentos de fotometría basados en el sistema inventado por el astrónomo Norman Pogson, quien estudió la clasificación establecida por Hiparco y concluyó que las estrellas de primera magnitud son aproximadamente 100 veces mas brillantes que las de sexta magnitud, y por tal motivo cada magnitud es 2.512 veces más brillante que la magnitud que le antecede en la clasificación, a esta constante se denomina razón de Pogson. La escala del brillo de los objetos celestes emplea este sistema y como es lógico, a los objetos más brillantes que la primera magnitud inicialmente propuesta se les debe asignar números negativos, el sol es la estrella más luminosa desde nuestra posición y es la que inicia la tabla de posiciones con una magnitud aparente de -26.72 y continua la luna llena con -12.6.
Pero como las estrellas difieren en cuanto a su tamaño y luminosidad, también existe una categorización que las compara entre si y elimina de la clasificación la posición del observador, de esta forma si se conocen las características físicas de una estrella es posible calcular la cantidad de energía que emite, así se llega a conocer la magnitud absoluta, es decir, la medida de su brillo real y si se conocen la magnitud aparente y la absoluta, los astrónomos pueden también determinar de forma muy aproximada la distancia que separa la Tierra y la estrella.
Crédito imagen: NASA, ESA y D. Bennett (University of Notre Dame)
Bienvenid@s
viernes, mayo 08, 2009
domingo, abril 26, 2009
![]()
Has visto que en nuestros días tenemos que vivir la vida de una manera tan agitada que no tenemos tiempo de detenernos un momento a contemplar las maravillas que nos rodean y que hacen que nuestra existencia cobre un sentido especial, momentos que realmente hacen que nos regocijemos y apreciemos intensamente el hecho de estar vivos. A pesar de que en épocas muy antiguas las personas vivían menos tiempo que ahora y que su vida podía ser realmente agitada por las constantes disputas, ellos podían aprender a ubicarse mediante el conocimiento de la posición de las estrellas y los más osados hacían levantar Templos que en realidad eran observatorios astronómicos de las más altas condiciones matemáticas para que la luz del sol, la luna o las estrellas se observara en días y horas claves que les permitieran conocer los mejores momentos para el cultivo, la pesca y hasta para conocer con precisiones impresionantes los eclipses por miles de años en el futuro. Es conveniente volver a tener tiempo para maravillarnos con el Universo y ver que nunca podremos desligarnos de él, una de las maneras es tener celebraciones que nos lleven de vuelta a reconciliarnos con todo lo que nos rodea.
El astrónomo Galileo Galilei construyó un telescopio en el año 1609, con el cual observó el 7 de enero de 1610 cuatro lunas girando alrededor del gigante de nuestro sistema solar, el maravilloso planeta Júpiter. En 2009 se cumplen 400 años desde que Galileo Galilei a través de su telescopio vio por primera vez la Luna, el planeta Júpiter y las estrellas, dándole a la humanidad la primera posibilidad de alcanzar el cielo. Esta es la razón principal por la cual se escogió éste como el Año Internacional de la Astronomía, ya que realmente fue este gran invento el que verdaderamente nos acercó al descubrimiento de las estrellas. aunque según los resultados de investigaciones recientes, el verdadero inventor del telescopio fue el español Juan Roget y no los científicos holandeses que la historia había mencionado.
Para que no pierdas información de los eventos que se programarán este año visita:
http://www.astronomy2009.org/
Imagen: UNESCO